La Ocde alerta: la falta de competencias será el mayor desafío del mercado laboral hacia 2026
Empleo Bogotá, Empleo Colombia, Trabajo Dic 12, 2025
La capacidad de los mercados laborales para responder a los cambios tecnológicos, económicos y sociales será puesta a prueba en los próximos dos años. Así lo advierte la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) en su más reciente actualización sobre tendencias laborales globales, donde señala que la carencia de competencias y la limitada formación continua se convertirán en el principal obstáculo para el crecimiento económico y la cohesión social hacia 2026.
Según el organismo, los últimos años han estado marcados por ciclos sucesivos de crisis —pandemia, tensiones geopolíticas, envejecimiento poblacional, crisis climática y aceleración tecnológica— que han reducido drásticamente la capacidad de adaptación de trabajadores y empresas. Este conjunto de factores ha dejado al descubierto grandes brechas en habilidades básicas y avanzadas, brechas que hoy frenan el desarrollo profesional y la productividad de las economías.
Un mercado laboral que no logra adaptarse
El informe señala que el ritmo de transformación se ha acelerado más rápido que los sistemas de formación, ampliando la distancia entre quienes cuentan con competencias esenciales del siglo XXI y quienes no han podido adquirirlas. Esto, según la Ocde, genera tres consecuencias directas: talento subutilizado, menor productividad y un deterioro de la cohesión social.
Las habilidades consideradas críticas incluyen desde competencias de procesamiento de información —alfabetización, razonamiento numérico y resolución de problemas— hasta capacidades socioemocionales, claves en entornos de alta interacción y trabajo colaborativo. Sin embargo, la organización insiste en que el acceso a estas habilidades no es igual para todos.
El origen socioeconómico sigue marcando la diferencia
A pesar de los avances educativos en muchos países, el estudio confirma que el desempeño y el uso de las competencias están profundamente influenciados por factores estructurales. El origen socioeconómico aparece como el determinante más poderoso y persistente en la construcción y expresión de habilidades a lo largo de la vida.
Los adultos cuyos padres alcanzaron educación terciaria muestran mejores resultados en las competencias fundamentales, una ventaja que se refuerza incluso entre quienes presentan bajo desempeño inicial. Para la Ocde, esto evidencia la existencia de “suelos pegajosos”: familias con más recursos pueden compensar dificultades, garantizar apoyos y movilizar redes que impulsan el desarrollo profesional de sus hijos.
Además, las brechas empiezan temprano. A los 15 años ya se observan diferencias significativas: los estudiantes con padres más educados tienden a obtener mejores puntajes, especialmente entre los grupos de alto rendimiento. La organización concluye que las desigualdades educativas no solo se heredan, sino que se profundizan con el tiempo.
Género: brechas que cambian según el campo de formación
La Ocde también subraya que los patrones de desigualdad no son homogéneos. En cuestiones de género, las mujeres se desempeñan mejor en competencias de lectura y escritura, mientras que los hombres obtienen mejores resultados en numeración y resolución adaptativa de problemas.
Preocupa especialmente que la brecha en numeración es más amplia entre adultos con alto nivel de habilidades, lo que confirma un “techo de cristal” que limita el avance femenino en áreas intensivas en matemáticas o campos STEM.
Más escolaridad no garantiza más oportunidades
Aunque la educación obligatoria reduce parte de las desigualdades, el informe sostiene que estas reaparecen e incluso se amplían después de la escolaridad formal. La selección hacia la educación superior, el acceso a programas de alto valor y la calidad de las oportunidades laborales siguen siendo fuertemente determinadas por el nivel socioeconómico.
Las decisiones sobre qué estudiar, cuánto estudiar y si continuar formándose después de la secundaria continúan siendo influenciadas por factores familiares y económicos. En países de la Ocde, el 61 % de los adultos con educación terciaria participa en actividades de aprendizaje no formal, mientras que entre quienes no terminaron la secundaria este porcentaje se reduce al 19 %.
Brechas salariales y movilidad limitada
El estudio advierte que, aunque más personas han superado el nivel educativo de sus padres, ello no siempre se traduce en empleos de mejor calidad. Apenas el 12 % de los adultos tiene un nivel educativo inferior al de la generación anterior, pero hasta el 36 % trabaja en ocupaciones de menor estatus social, señal de un mercado laboral que no genera movilidad ascendente real.
En términos salariales, los adultos provenientes de familias con mayor educación ganan en promedio un 11 % más por hora que quienes tienen características similares pero provienen de hogares con menor escolaridad. No obstante, esta diferencia prácticamente desaparece cuando se controlan variables como educación, competencias y aprendizaje permanente, lo que confirma que las oportunidades de formación son un factor determinante en los ingresos.
Un llamado urgente a reformar las políticas de competencias
La Ocde concluye que las brechas educativas, la falta de formación continua y la distribución desigual de las oportunidades de aprendizaje explican gran parte de las diferencias actuales en el mercado laboral. Por ello, hace un llamado a los gobiernos a reforzar rápidamente sus políticas de capacitación.
“Las políticas de competencias son fundamentales para fomentar la igualdad de oportunidades”, afirmó Mathias Cormann, secretario general de la organización, al subrayar que el desafío para los próximos años será reducir las brechas y crear sistemas que permitan que las habilidades se traduzcan realmente en movilidad social.