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Más empleo, mismas fragilidades: las señales que ponen en duda la solidez del mercado laboral en Colombia

Empleo Colombia, Panorama laboral, Trabajo May 06, 2026

Los más recientes datos publicados por el DANE han sido recibidos, en principio, como una señal positiva para la economía colombiana. La tasa de desempleo ha descendido a niveles históricamente bajos y la generación de empleo muestra cifras destacadas en distintos periodos. Sin embargo, detrás de estos indicadores alentadores, comienzan a emerger señales que cuestionan la verdadera fortaleza del mercado laboral.

Un análisis reciente de Bancolombia advierte que la lectura de estas cifras debe hacerse con cautela. Si bien el desempleo se ubicó alrededor del 8,9 % en 2025 y se han registrado incrementos significativos en la ocupación —con picos cercanos a 740.000 nuevos empleos—, estos avances no necesariamente reflejan mejoras estructurales en la calidad del trabajo.

Uno de los principales focos de preocupación es la persistencia de la informalidad. Más del 55 % de los trabajadores en el país se desempeñan en condiciones informales, una cifra que se eleva de forma considerable en las zonas rurales. Esta realidad implica que millones de personas carecen de acceso a seguridad social, estabilidad laboral y protección frente a riesgos, lo que limita el impacto real del crecimiento del empleo sobre el bienestar de los hogares.

Además, la creación de puestos de trabajo se concentra en sectores como el comercio, el agro y la construcción, actividades que históricamente presentan mayores niveles de precariedad. En este contexto, el aumento del empleo no necesariamente se traduce en mejores condiciones laborales, sino en una ampliación de ocupaciones con baja calidad y limitada protección.

Otro de los aspectos que marca la dinámica reciente del mercado laboral es el crecimiento del trabajo por cuenta propia. Actualmente, cerca del 41 % de los ocupados en Colombia se encuentra en esta categoría, una proporción superior a la de economías más desarrolladas. Aunque esta modalidad permite absorber mano de obra, también refleja una estructura laboral donde predomina la vulnerabilidad, al tratarse de trabajadores que, en muchos casos, no cuentan con ingresos estables ni cobertura social.

A este fenómeno se suma el aumento del empleo público. La participación del Estado en la generación de puestos de trabajo ha crecido en los últimos años, con incrementos cercanos al 10 % en algunos periodos recientes. Si bien esto contribuye a mejorar las cifras de ocupación en el corto plazo, también abre interrogantes sobre la sostenibilidad de esta tendencia, especialmente en un contexto de restricciones fiscales.

Un tercer elemento que complejiza la lectura de los datos es la relación entre desempleo y participación laboral. La reducción en la tasa de desempleo no responde únicamente a la creación de nuevos empleos, sino también a cambios en el comportamiento de la población. La tasa de participación se mantiene por debajo de los niveles previos a la pandemia, lo que indica que una parte de la población ha dejado de buscar trabajo activamente y, por tanto, no se contabiliza como desempleada.

Este fenómeno se ve influido, en parte, por el aumento de las remesas, que han contribuido a aliviar la presión sobre los ingresos de los hogares. Como resultado, algunas personas pueden optar por salir temporalmente del mercado laboral, lo que impacta las estadísticas sin reflejar necesariamente una mejora real en las condiciones económicas.

Finalmente, surge una tensión clave entre ingresos y productividad. Aunque los salarios han mostrado incrementos —tanto en el empleo formal como en el informal—, estos aumentos no han estado acompañados por mejoras equivalentes en la productividad. Esta brecha genera presiones sobre los costos empresariales y plantea desafíos para la sostenibilidad del crecimiento del empleo en el mediano plazo.

Desde Corficolombiana señalan que el mercado laboral colombiano enfrenta una paradoja: mejora en los indicadores más visibles, pero mantiene debilidades estructurales que limitan su solidez. La aparente recuperación convive con altos niveles de informalidad, baja productividad y una creciente dependencia de factores que no garantizan estabilidad en el tiempo.

En este contexto, el desafío para la política económica va más allá de reducir el desempleo. La prioridad, advierten los analistas, debe centrarse en la calidad del empleo, la formalización laboral y el fortalecimiento de la productividad. Sin estos elementos, las cifras positivas podrían ser solo una mejora superficial en un mercado que aún enfrenta problemas de fondo.

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