El salario mínimo reordena el mercado laboral: compresión salarial, ajustes empresariales y presión sobre el empleo
Mis derechos, Salario Mínimo Ene 14, 2026
El arranque de 2026 dejó una huella profunda en el mercado laboral colombiano tras el incremento del salario mínimo en 23%, un ajuste sin precedentes recientes que modificó de forma abrupta la estructura de costos de las empresas y desencadenó una serie de efectos en cadena sobre el empleo, las nóminas y los esquemas de contratación.
Aunque el aumento representa un alivio directo para los trabajadores que devengan el salario mínimo, analistas advierten que su impacto trasciende esa base y se extiende a toda la pirámide salarial. El nuevo nivel del mínimo, sumado al auxilio de transporte, elevó el ingreso mensual base a cerca de $2 millones, pero para los empleadores el costo real de un trabajador puede escalar hasta los $3 millones una vez se incorporan prestaciones sociales, aportes a seguridad social y cargas parafiscales.
Ese desfase entre ingreso y costo, señalan expertos, es el punto de partida de una reorganización interna que ya comienza a sentirse en empresas de distintos tamaños y sectores. Lorena Gutiérrez, docente universitaria y analista laboral, explica que el ajuste obliga a las organizaciones a revisar su estructura de costos en un entorno económico marcado por bajo crecimiento y márgenes cada vez más estrechos, lo que reduce el margen de maniobra para absorber incrementos salariales de esta magnitud.
Reacomodo de nóminas y procesos
Las respuestas empresariales no serán uniformes, pero sí presentan patrones comunes. Entre ellos, destacan la reorganización de cargos, la redefinición de funciones, los ajustes en jornadas y turnos, y una presión creciente por elevar la productividad, especialmente en posiciones operativas. A este escenario se suma una aceleración de decisiones de automatización y digitalización de tareas repetitivas, que bajo el nuevo esquema de costos dejaron de ser sostenibles.
Uno de los fenómenos más visibles es la llamada compresión salarial, en la que trabajadores que antes ganaban ligeramente por encima del mínimo quedan ahora alineados con él. Este proceso diluye diferencias asociadas a experiencia, responsabilidad o desempeño, y genera tensiones internas dentro de las organizaciones, justo cuando las empresas tienen menos espacio financiero para corregirlas mediante aumentos adicionales.
Abogados laboralistas advierten que esta situación empuja renegociaciones salariales y presiona la estructura jerárquica de las empresas, al tiempo que reduce los incentivos para la movilidad salarial. Desde el centro de estudios Anif, su vicepresidenta, Luz Magdalena Salas, subraya que el impacto es especialmente delicado en un mercado laboral dominado por micro y pequeñas empresas, que son las más expuestas a los costos laborales.
En este contexto, explica Salas, las compañías tienden a frenar nuevas contrataciones, recortar horas trabajadas o sustituir empleo formal por esquemas más flexibles. El resultado es una mayor concentración de trabajadores alrededor del salario mínimo y una menor posibilidad de escalar a niveles salariales superiores.
Sectores bajo mayor presión
El impacto del incremento tampoco será homogéneo entre sectores. Actividades intensivas en mano de obra y con márgenes reducidos, como comercio, gastronomía, hotelería, seguridad privada, transporte urbano y floricultura, enfrentan un estrés inmediato. En muchos de estos casos, los precios están regulados o los contratos son rígidos, lo que dificulta trasladar rápidamente el aumento de costos a tarifas o consumidores.
Camilo Cuervo, socio de la firma Holland & Knight, describe el escenario como un “huracán laboral”, al señalar que el incremento superó ampliamente las proyecciones que manejaban las empresas hacia finales de 2025. Según explica, muchos presupuestos se construyeron con escenarios de aumento cercanos al 16%, por lo que el salto al 23% dejó a algunas compañías sin liquidez suficiente para cubrir sus compromisos de nómina en los primeros meses del año.
La presión sobre la “clase sándwich”
Los efectos del ajuste no se concentran únicamente en quienes ganan el salario mínimo. Los trabajadores que perciben entre uno y dos salarios mínimos —la llamada “clase sándwich”— enfrentan una pérdida relativa de poder adquisitivo, al no recibir incrementos proporcionales. En muchos casos, los ajustes salariales estarán por debajo de la inflación, lo que se traducirá en un deterioro del ingreso real.
Incluso los salarios integrales se ven impactados. Con el nuevo mínimo, el umbral del salario integral supera los $22 millones mensuales, lo que incentiva a algunas empresas a desmontar estos esquemas y regresar a salarios ordinarios. Este movimiento reduce el ingreso disponible de trabajadores de altos ingresos y refuerza estrategias de desalarización, en las que se reemplazan componentes salariales por beneficios no salariales para aliviar cargas prestacionales.
Desde el frente jurídico, Saida Quintero, socia de Quintero y Quintero Asesores, advierte que el incremento del salario mínimo no guarda proporcionalidad con variables clave como inflación, productividad o crecimiento económico. A esto se suma, dice, el efecto acumulado de la reducción de la jornada laboral, los mayores recargos y los cambios derivados de la reforma laboral, configurando un choque simultáneo sobre la nómina que obliga a rediseñar los esquemas de contratación y compensación.
Empleo joven e informalidad, los focos de riesgo
Uno de los puntos más sensibles del ajuste es el empleo joven. Un salario mínimo más alto encarece el costo de entrada al mercado formal, lo que puede llevar a que las empresas posterguen contrataciones, exijan mayor experiencia desde el inicio o sustituyan vacantes junior por procesos automatizados. “El primer empleo se vuelve más caro”, resume Lorena Gutiérrez, en referencia a las barreras que enfrentan los jóvenes con menor experiencia.
Juliana Morad, directora del Departamento de Derecho Laboral de la Universidad Javeriana, coincide en que los efectos deberán monitorearse con atención, especialmente en sectores como restaurantes, turismo, ocio y cuidado, donde hay alta participación de jóvenes y mujeres. Allí, advierte, podrían presentarse aumentos desproporcionados de informalidad y expansión de trabajos a tiempo parcial que no alcanzan el salario mínimo.
A esto se suma la transformación del contrato de aprendizaje, cuyo costo quedó atado al salario mínimo. Al incrementarse en la misma proporción, sin un aumento equivalente en productividad, muchas empresas podrían optar por monetizar la cuota de aprendizaje o reducir cupos, afectando la inserción laboral de jóvenes técnicos y tecnológicos.
Un delicado equilibrio
Analistas como Juan Salvador Vargas señalan que el trabajo por cuenta propia y la informalidad aparecen como válvulas de escape ante el encarecimiento del empleo formal, aunque con importantes costos sociales. La tercerización y la prestación de servicios, si bien reducen cargas para las empresas, ofrecen menor estabilidad y protección social para los trabajadores.
A este panorama se suman los riesgos inflacionarios. El traslado de mayores costos laborales a precios y tarifas ya está en discusión en varios sectores, mientras los hogares ajustan su consumo. En este contexto, no se descartan presiones adicionales sobre la inflación en un año marcado por ajustes profundos.
En balance, el aumento del salario mínimo mejora el ingreso de quienes se encuentran en la base salarial, pero también activa un efecto dominó de compresión salarial, reorganización interna y mayor selectividad en la contratación. El desafío, coinciden los expertos, será evitar que el ajuste termine beneficiando solo a quienes ya tienen empleo formal, mientras se restringen las oportunidades de acceso para los trabajadores más vulnerables.